Fast Eddie: Fat man, you shoot a great game of pool.
Minnesota Fats: So do you, Fast Eddie.
Oscar Peterson: Montreal, 15 de agosto de 1925 - Mississauga (Ontario), 23 de diciembre de 2007.
El pasado martes murió Deborah Kerr a a los 86 años de edad, la reina de la discreción, escocesa hasta la médula que no creo que pudiera caer mal a nadie y protagonista de películas de la talla de The Innocents (Jack Clayton, 1961) o Tu y yo (An affair to Remember, Leo McCarey, 1957), obras maestras que son tales gracias en gran medida a la presencia de esta mujer, definición en carne y hueso de la palabra inglesa lady. Aquí la vemos, junto al gran Cary Grant, en uno de los finales más conmovedores de la historia del cine.








Su película más famosa, y la única que he tenido la oportunidad de ver recientemente en el ICA de Londres, es Yi yi (2000), que es además la última, por la que ganó el premio al mejor director en Cannes y, sin duda, una de las mejores obras cinematográficas que se han hecho en los últimos años. Yi yi cuenta en tres horas la historia de un año en una familia de clase media de Taipei; empieza con una boda y acaba con un funeral. Por su tono, temas y personajes, recuerda bastante a Ozu: los conflictos generacionales, el choque entre tradición y modernidad, las relaciones familiares...
Es una de esas raras películas en las que se encuentran varios géneros (principalmente la comedia y el drama en todas sus variantes, pero también hay unas gotas, en ciertos momentos, de musical e incluso de thriller) de una manera totalmente armoniosa, gracias a un guión pluscuamperfecto y a una precisa puesta en escena, de la que cabe destacar un uso del sonido y el fuera de campo dignos de Bresson. Yi yi es una película muy meditada, fruto de un largo proceso de maduración; al parecer, Yang tuvo la primera idea a mediados de los ochenta, pero quiso esperar a tener la edad adecuada para poder desarrollar plenamente la historia. Es quizá gracias a ello que la narración fluye con cierta ligereza y en ningún momento se le ve una sola “costura”, lo que tiene un enorme mérito, teniendo en cuenta la enorme complejidad de la película.
Entre otras muchas cosas, Yi yi trata de la imagen que nos hacemos de nosotros mismos, de cómo a veces ocurre un hecho que nos golpea de tal manera que nos obliga a auto-examinarnos, lo que puede llegar a ser traumático si no estábamos preparados. Ese hecho es en la película el accidente que deja en coma a la abuela (Ru-Yun Tang). El médico recomienda a los miembros de la familia que le hablen como si les oyera para estimular sus sentidos; en una de las mejores escenas de la película, la madre (Elaine Jin) llora porque se da cuenta de que su vida está vacía: no tiene nada que contar a la abuela. En cambio al padre, N.J. (Nien-Jen Wu), esos monólogos le permiten ordenar sus pensamientos.
